jueves, 8 de marzo de 2007

A contracorriente

Suelo tener la sensación de que voy al revés que el resto de la gente que me rodea. Si me pongo pantalón largo, alrededor creo que todos van de corto. Los piratas me quedan ridículos, pero si no los visto, no voy a la moda. El día que saco fuerzas para ponérmelos, están ya pasados. Si llevo una camiseta sin mangas, los demás van con sudadera...
No se trata de que quiera ser independiente o alternativo, sino que capto mal las tendencias o me organizo un mundo paralelo en el que me invento que todos van distintos que yo. Mejor dicho, en el que yo voy inconscientemente de por libre.

Pero con pantalón rojo largo y camiseta azul, sólo puede haber uno, y más si está en la bici. Volví a ver al chico del gimnasio, después de nuestra presentación oficial. Nos saludamos y... hasta aquí puedo leer. No porque no quiera, sino porque no hay nada más que contar. O me huye o le gusta el fútbol (no sé cuál prefiero jeje). Pero lo peor de todo es que el muy guarro se fue sin siquiera ducharse! Tendré que pasarme a Alcampo.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Ataque de acné

El chico del autobús siempre encuentra la ropa apropiada para camuflarse con el clima. Estos pasados días primaverales lucía tonos pastel. Hoy llueve en Madrid y ha vuelto al negro (le sienta mucho mejor), protegiéndose con una especie de chubasquero a juego que le quedaba genial. Esta mañana no me he podido sentar detrás de él, a pesar de que había sitio libre y que me encanta ir mirándole las pecas que tiene en la cabeza (son exactamente tres y media, al principio creía que eran sólo tres, pero a base de fijarme le vi una mancha adicional que apenas se notaba). Me puse al otro lado del autobús porque estoy padeciendo un brote de acné y, claro, no iba a estar enseñándole la mitad de mi cara en plena erupción.
Es lo que tiene conservarse tan estupendamente joven. Incluso he vuelto al alcohol. La única diferencia es que con 18 años hacía competiciones con mi amigo David a ver quién aguantaba mejor las sucesivas dosis de tequila, chinchón y absenta, mientras que ahora me da por el ron con cola. Tampoco es precisamente mucha mejora, ya que el garrafón de Madrid tiene tela. Además, el viernes pasado volví al calimocho... sin comentarios.


(Ya llevo unos cuantos posts y aún no he hablado de política. Me alegro de ello, porque está el país como para exiliarse en una isla... Prefiero la bandera de la derecha).

martes, 6 de marzo de 2007

El peluche y la basura

Al sacar el portátil de la cajonera, me encuentro debajo con un osito de peluche. Lleva conmigo 4 años, acompañándome por las muchas oficinas a las que nos hemos trasladado desde entonces. Era el último objeto que introducía siempre en las cajas de mudanza, de manera que no padediera los achuchones típicos de estar abajo. Además, me daba alegría abrir la caja en la oficina destino y encontrarme con mi peluche.
Nunca le puse nombre. Le colocaba delante del monitor, identificando mi puesto de manera bastante obvia. Al principio me daba corte hacer este gesto, por aquello de qué dirían. Luego ya me daba igual, total, yo soy así, con mis ridiculeces y mariconadas incluidas. Me gustaba verle allí, observando mis cabreos diarios, mis borderías habituales y, sobre todo, la buena gente que durante este tiempo me ha venido a hacer visitas.

Desde hace varios meses no le he dejado salir del cajón. Me trae demasiados recuerdos. Fue un regalo de una de las personas cuyo sms me ha faltado este año nuevo. Una de las personas más importantes que ha pasado por mi vida. Hace más de un año que no le veo, más de 8 meses que no sé nada de él. Me cuesta tener al peluche delante sin que me recuerde a él. Es un perrito. Supongo que me lo regaló porque yo siempre le hablaba de mi perrín (hace un año que ya tampoco está).

No sé qué hacer con el peluche. He pensado en tirarlo, aunque no sé, no se lo merece, ni el peluche ni el recuerdo. Creo que últimamente estoy algo obsesionando con la basura. No voy a tratar de interpretarlo, pero es que incluso sólo hago fotos a basura. Quiero dar una salida digna al peluche, pero no se me ocurre nada.

lunes, 5 de marzo de 2007

Perfecta crueldad

Trabajo en un parque empresarial donde se puede comer en el suelo. Sólo se puede caminar por las sendas amarillas y se te desvías te arriesgas a que el señor de la bici casi te acuse de conspiración judeo masónica izquierdista contra el orden establecido. Todo es previsible, tan reglado, tan alineado, tan simétrico, tan perfecto...

La perfección me agobia, me causa inseguridades. Quizá ahonda mi sentimiento de inferioridad. Lo único que me gusta de este entorno en el que cada día veo amanecer es la jardinería, un sueño de paisajismo ambiental. Creo que sería mucho más feliz trabajando de jardinero. Pero aquí no dejan crecer a las plantas. Por supuesto, no se admite que un arbusto sobresalga sobre los demás, ya que desentonaría con el entorno. Pero ni siquiera se permite que cipreses, tuyas y durillos crezcan simultáneamente. Rompería en esta ocasión con la necesaria horizontalidad que pretende camuflar el recinto. Si una planta crece con vigor, siempre tendrá la amenaza de una pala que, en el mejor de los casos, la trasplantará a un espacio más abierto. Me parece cruel que éste sea el precio de la perfección.

Creo que yo también soy cruel. Hace unas semanas se me murió un bambú. Como dicen que tienen que ir siempre en pareja, aprovechando mi visita a Ikea de este fin de semana compré otro. En realidad compré dos, para que fueran alineados, simétricos, perfectos. En fin, me sobraba uno. Decidí que el que sobraba era el que ya tenía en casa. Había crecido ya demasiado, cabía mal en el jarroncito y casi se daba con la vitrina que tiene por encima. Iba a tirarlo, pero los principios me lo impidieron. El bambú no tenía la culpa de haber crecido tanto, de hecho ésa era la recompensa que me ofrecía por haberle cuidado bien los dos años que me había ido siguiendo entre mudanzas. No podía deshacerme de él, sería cruel. Así que ahora tengo tres bambús. Los dos nuevos en un jarrón y el familiar, en el medio de de los dos, en el otro. Tras una pequeña poda se acomodó mejor a la nueva situación.

En cualquier caso, me siento cruel. Tenía otra planta bastante fea en un tiesto que le hacía justicia. Quería deshacerme de ambos. Aprovechando que se trata de una planta de interior, la he sacado a la ventana. No seré yo quien acabe con ella, sino este clima loco madrileño. No, yo no seré el responsable.

domingo, 4 de marzo de 2007

Ilusiones

Tengo una botella de Ribera de Duero en la ventana. Esperaba que se refrescara un poco, pero creo que con el calor que hace hoy mejor la meto en la nevera. No me gusta el vino caliente, tampoco frío, pero últimamente lo ponen por ahí como un caldo. Acabo de comprar la botella en el Carrefour Express, aprovechando que es el primer domingo de mes y estaba abierto. Además, así aprovechaba para ver a Ángel. Me encanta cómo sonríe mientras dice: "siguiente, por favor, pasen por aquí". (¿Será Ángel el novio de mi chico del gimnasio? ¿O será el de la camisa azul? En todo caso... ¿será su novio o sólo su compañero de piso?)
Me he pasado la mañana limpiando. Voy a comer solo, lo cual no es una novedad, vivo solo. Pero la sensación de abrir una botella de vino para uno solo me pone melancólico. Vino acompañando sobras varias. Un buen remate.
Esta tarde tengo que trabajar desde casa, revisando una documentación de un proyecto cutre que se nos ha escapado de las manos. Los almendros del Parque de la Quinta de los Molinos en flor y yo en casa con una mierda de Word por toda compañía. El Monte del Pardo rebosando de primavera y yo rodeado de un manual de instalación, una guía de administración y las correspondientes pautas de explotación.
En la reunión sectaria de final de año, mi jefe expuso todo lo ilusionado que se sentía porque nos acababa de absorber una gran empresa y con ello presuponía que se nos abrían grandes oportunidades. Yo me ilusiono con que mi paella con chorizo quede lo más buena posible o con la expectativa de irme de vacaciones con mi novio. No cuadro con lo que me rodea.

¿Es este el tipo de vida que quiero? Necesito un cambio. Necesito vida.

jueves, 1 de marzo de 2007

Yo creo que deberíamos presentarnos

Mira que me cuesta conocer antes la polla de alguien que su nombre. La gente que conozco (conocía) del chat abusaba de eso. "Hola, 1.82, 76k, 18cms, ¿quedamos?" Y ya está, para qué más, si con eso ya se tenía toda la descripción posible de una persona... Lo mismo que las páginas de contactos en internet. Suelen estar plagadas de presentaciones de la polla del propietario del perfil. Fotos tomadas desde todos los ángulos nos dan una visión lo suficientemente general de lo que nos vamos a encontrar en caso de que queramos conocer al personaje.

Pero ha sido la primera vez que me ha ocurrido semejante situación en un medio diferente de internet. Con el chico de la sauna. Conocí antes su desnudo que su nombre. Varios jueves seguidos coincidiendo (solos) en la sauna del gimnasio ya nos había hecho casi colegas. Así que, contra todo pronóstico, el jueves pasado le solté: "Nos vemos aquí todos los jueves, yo creo que deberíamos presentarnos". Y claro, con lo cortado que soy, el corazón se me salía. Estaba encantado de la posibilidad de hacerme amigo de alguien en el gimnasio, que me aburro soberanamente. Además, mi análisis psicosociológico tradicional me decía que era un chico majo. Mi apreciación se corroboró y hasta luego me acompañó a casa, que le quedaba de camino hacia donde él iba.
Por cierto, se llama Miguel Ángel. Y hoy no ha venido. Tendría turno de tarde. Viene siempre con un pantalón de chándal rojo. Según estaba corriendo en la cinta vi algo rojo, pero no era él, sino la profesora de danza del viente (¡qué poco estilo, por dios, con lo que vale mi amiga Pili!). También vi otra cosa roja, pero era el extintor. Bueno, esperaremos hasta otro jueves que Carrefour le quiera dar la tarde libre.

miércoles, 28 de febrero de 2007

¿De verdad lo es?

Cariño.
Atracción erótica.
Obsesión compulsiva.
Deseo.
Comprensión.
Estima.
Identificación.
Costumbre.
Celos.
Admiración.
Sexo.
Expectativa.
Dependencia.
Pasión.
Vida.
Compañía.
Compartir.
Melancolía.
Ilusión.

¿Es eso amor? ¿Cada uno es diferente? ¿Cuál es el verdadero? ¿O simplemente se trata de fases de un misma misma relación? He tenido de todo, pero... ¿de verdad lo es?

martes, 27 de febrero de 2007

No sabes lo que te echo de menos

Sacabas siempre una sonrisa de mí, incluso en los días difíciles. El tiempo pasaba de manera diferente cuando estaba contigo. Me producía alegría sólo con mirar cómo te movías. Los ratos que nos dejábamos de hablar me faltaba vida. Me llenaba de ilusión y de ilusiones cuando me proponías cosas.

No sabes lo que te echo de menos. Pero no te lo puedo decir. No pega conmigo decir esas cosas, ¿verdad?

Un mundo de contradicciones

No sé si es porque pienso en voz alta y articulo palabras antes de que las ideas tengan una forma bien definida. Quizá ocurra debido a mis inseguridades y a la necesidad de gustar alrededor. También podría obedecer simplemente a lo poco claras que tengo las cosas en general. La cuestión es que soy una pura contradicción. Y eso se resume en que a menudo actúo de forma diferente a como creo que pienso, ocasionándome una tremenda disonancia cognitiva que intento vencer reduciendo la importancia de lo que hago. ¿Me estaré traicionando a mí mismo? Yo, que tanta imagen doy de sensatez y de coherencia interna...

Afortunadamente tengo todas las contradicciones posibles, como forma de mimetizarme con este mundo. ¡Qué pereza si mi vida estuviera tan cuadriculada como para resultar siempre previsible! Pero la verdad es que ya ni siquiera estoy seguro de que escriba esto para convencerme de lo estupendo que es ser contradictorio, como dando por hecho directamente que tengo esa ¿cualidad?. Es posible que mis sentimientos y mis acciones no vayan de por libre. Me pregunto si de verdad siento y pienso como doy a entederme. O si, por el contrario, hago de mi filosofía interior de vida una idealización de lo que me gustaría llegar a ser.

No sé si puedo seguir con este blog. No tengo claro si de verdad quiero conocerme a mí mismo.

lunes, 26 de febrero de 2007

Lisboa y para de contar

Me he atrevido a poner una foto mía en el perfil de google. Es la primera vez que me muestro en público y me da algo de vergüenza, así que si me entra algún agobio la quito. Está tomada desde una de las colinas de Lisboa, en Alfama. Los tejados de la ciudad en primer plano, el Tajo al fondo.
Lisboa... Creo que nunca me he encontrado tan a gusto en una ciudad que no era la mía ni he sentido la necesidad de volver casi nada más regresar. Portugal dicen que es mucho más tradicionalista y católica que España, cosa que en principio me retraería. Pero Lisboa me acoge. ¿Podría vivir allí? ¿Dónde estará mi sitio?

domingo, 25 de febrero de 2007

Ironía municipal


Si nos pidieran que pensáramos en un barrio de Madrid al que cuidar especialmente, por ser un posible polvorín social, creo que muchos responderíamos Lavapiés. Debería estar especialmente mimado por el ayuntamiento, a no ser, claro, que tengan la idea preconcebida de convertirlo en un núcleo de marginalidad y conflictividad social en pleno centro de la capital. Valgan las siguientes imágenes (tomadas esta misma mañana, pero repetidas día a día) para determinar por dónde van los tiros.

viernes, 23 de febrero de 2007

Todo sigue igual para poder cambiar

Quizá todo tenga que seguir igual para poder cambiar. En ese caso los cambios no son provocados por uno mismo, sino que vienen impuestos por la necesidad de huir de la apatía. ¿Y de la agonía? ¿Cuándo uno es suficientemente consciente de que se encuentra en estado agónico? Espero que no demasiado tarde.

jueves, 22 de febrero de 2007

Todo cambia para seguir igual

El año pasado fue un mal año. Algunas cosas ocurrieron porque tenían que ocurrir. Otras ocurrieron y no tenían que ocurrir. Muchas presiones. Me perdí, no sabía dónde estaba. También perdí a gente que me había acompañado en mis últimos años y que hasta el momento me habían hecho sentir menos peor persona. Se juntaron tantas cosas que no sabía cómo afrontarlas.

Según iba terminando el año, me daba la sensación de que todo había cambiado, pero que en el fondo seguía igual. Algunas personas regresaban, las anteriores situaciones se retomaban. Todo había dado vueltas y al final la ruleta quedaba en la posición original. Pero el último día del año fui consciente de que ya nada sería nunca igual. A las 23:59h del día 31 de diciembre no me llegó por sexta vez un sms de amor. A las 00:01h del día 1 de enero no recibí también por sexto año consecutivo un sms de amistad. Era previsible. Pero hasta ese momento no me di cuenta de que ya no era el mismo que un año antes. Desde entonces soy mucho más pequeño.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Como una aparición

Esteban murió el día que cumplió 17 años. Le atropelló un coche. Fue mientras corría persiguiendo a un taxi donde se encontraba su actriz favorita, Huma. Había ido a ver con su madre Manuela una obra titulada Un tranvía llamado deseo. Esperaban a la protagonista a la salida del teatro, a la captura de un autógrafo. No consiguió el autógrafo y además perdió la vida. Se cegó en su deseo y no vio la muerte que atravesaba la carretera. Hace ya 7 años que sus ilusiones sólo existen en las personas que heredaron sus órganos.

Hoy he vuelto a ver a Esteban. Estoy seguro, era él. Ha sido como una aparición. Pero me miraba y yo le miraba. Era real. Conservaba sus gestos, su inocencia, su misterio. Allí estaba, en mi gimnasio, en una sesión con entrenador personal, Eloy Azorín.

Mirada con Casa de Campo al fondo

Llega a las 08:05h a Lago, siempre apurado de tiempo. Pero llega siempre perfecto. El pelo muy rapado, casi al cero, con unas patillas anchas, pronunciadas y muy bien cuidadas. Usa ropa bastante ajustada, combinada de manera perfecta. Lo que mejor le queda es el color oscuro, de marrón parece más alternativo, pero el negro (con su abrigo largo a juego) le da un aire de elegancia increible. Creo que es americano, por los rasgos y, sobre todo, por el acento. Ayer le vi también durante la comida, así que tuve doble ración.
Intento ponerme detrás de él en el autobús. Suelo estar antes que él en la cola, así que tengo la esperanza de que algún día elija para sentarse el asiento de mi lado. De momento, me conformo con mirarle, con la Casa de Campo al fondo.

martes, 20 de febrero de 2007

Moscas en Febrero

Ayer vi desde la ventana de casa la primera mosca del año. No está mal, para ser mediados de Febrero. El año pasado a finales de Noviembre aún quedaba alguna superviviente. Sólo dos meses de supuesto invierno. Aunque más bien podríamos hablar de otoño prolongado o de primavera adelantada. Me cuesta ver plantas en flor en Navidad.

Como buen progresista, no es que sea partidario de que las cosas sean siempre como han sido de toda la vida, pero en cuestiones de climatología sí que opino que cualquier tiempo pasado fue mejor. Nos achicarramos en verano, mientras que en ¿invierno? la nieve cada vez es más desconocida. Recuerdo cuando mi abuela contaba las tremendas nevadas que caían en Palencia cuando era joven, que empezaba a nevar por la noche y al día siguiente no podían salir de casa porque se quedaba bloqueada la puerta ante la altura que cogía...

Esta reflexión es sólo por melancolía. El día que nuestras costumbres y nuestra economía se vean de verdad alteradas por los efectos del cambio climático ya veremos si aún tenemos ganas de llorar. Y lo dejo ya, que hoy estoy intelectual.

sábado, 17 de febrero de 2007

¿Quién soy yo?

¿Y si fuera como aquellos cuya forma de ser critico? ¿Y si reuniera las características que me repugnan de una persona? ¿Y si no me dejo ser tal y como soy? ¿Y si tengo una imagen idealizada de mi mismo?

¿Y si no fuera yo?

viernes, 16 de febrero de 2007

De lunes a viernes

Mi vida transcurre entre instanciaciones, solapes, gestores, soportes, implementaciones, puntos de situación, flujos, recursos, visibilidades y una larga lista de siglas cuyo significado ni siquiera conoce quien las emplea. Algunos ejemplos: GDO, GDP, UUNN, UAT, PAP, ASAP, FYI, E2E, GUI, MAD, SCE, SCR, EV...

Con esta situación, la única manera de intentar conservar la cordura (dudo de que lo esté consiguiendo) consiste en tener vida más allá del trabajo. Salir a una hora prudente y poder hacer cosas después. Mantenerme activo, ir al gimnasio, a pasear, a hacer fotos, de cañas, de cena, al cine, al teatro... Aunque sólo sea para rendir más, puesto que todo el mundo sabe que lo verdaderamente importante en esta vida es rendir en el trabajo.

jueves, 15 de febrero de 2007

¿?¿?¡¡¡

Uno es más guay por poner varias interrogaciones seguidas sin nada en su interior, como si estuviera preguntando todo lo anterior ¿?¿?¿?
No¡¡¡¡ Uno es más alternativo si sólo emplea al final de la frase varias exclamaciones hacia arriba.

miércoles, 14 de febrero de 2007

El metro

Madrid, 3 millones y medio de habitantes. Puede que en torno a un millón más entren a diario en la ciudad. Y sin embargo, todos los días (y esto quiere decir de lunes a jueves) me encuentro a la misma persona en el mismo vagón del metro. Curioso. Suele vestir de oscuro y le recuerdo con un pantalón casi negro, como de chandal, y con una cazadora de capucha con pelos. Es rubio y lleva el pelo muy corto, con una barbita de 5 ó 6 días de esas que se llevan.
Él siempre llega tarde allá donde vaya. Se sube en Sol, línea 3. Se baja en Plaza de España. Sale corriendo del vagón. Y desaparece por la salida de Leganitos. ¿Dónde va? Por su edad debería ser estudiante. Pero no lleva mochila ni carpeta. Me le imagino yendo a cuidar a alguna persona mayor, por ejemplo a su abuelo. No podría explicar por qué. Aunque lo más probable es que vaya a trabajar y entre a las 8. Con ese atuendo bien podría ser obrero de la construcción o algo similar.
Mañana seguro que le volveré a ver.