Últimamente no me apetece demasiado escribir. Y eso que ahora creo tener algo más de tiempo, pues he decidido poner coto a mi estrés habitual. Pero esta situación no se debe precisamente a que haya bajado el ritmo vital. Mi hipeactividad habitual se ha transormado en lo siguiente durante las últimas semanas:
- Me he sentido frustrado casi todos los días.
- He optado por reírme siempre que me apetezca.
- Estuve a punto de llorar en más de un momento.
- He soñado estando despierto.
- Cada vez lo encuentro más lejos.
- Estoy haciendo reajustes y el encaje no siempre resulta suave.
- Me he enamorado cuatro veces, de personas distintas, nuevas.
- Me he enamorado en siete ocasiones adicionales, de otras dos personas ya conocidas.
Sí, vale, ya sé. No es amor, sino capricho. Pero es que estoy de un caprichoso...
Quiero chocolate. Yo también.
Dice mi jefa que la llamaban la risitas en el instituto (¿¡Quién lo diría!?) Pero que este trabajo la ha cambiado por completo y pueden pasar semanas sin que apenas sonría, ni siquiera delante de sus hijos pequeños. Espero que a mí no me cambie. Con lo sencillo que es sonreír... Por ejemplo, sólo con pensar en ti lo puedo conseguir. ¿Ves? Ya está. Una sonrisa de colores. Amarilla, roja, azul, verde, blanca y negra. Es bonito todo cuando lo hacemos fácil.